Tócame con mimo

Por David Rosa.

En nuestra sociedad el masaje sigue siendo hoy día además de un gran desconocido, un producto considerado de lujo, y en consecuencia una herramienta muy poco utilizada para resolver problemas de salud, no siendo conscientes de los beneficios que nos puede aportar.

Ya desde el antiguo Egipto tenemos evidencias de que el masaje era considerado una práctica con fines terapéuticos, por ello se dice que es la herramienta terapéutica más natural y antigua utilizada desde tiempos inmemoriales. Todos utilizamos el masaje de manera instintiva, ¿quién no se ha llevado la mano a la mejilla ante un tremendo dolor de muelas? o ¿quién no se ha puesto la mano en la sien ante una cefalea?, pues bien, de manera automática, ante situaciones de este tipo, el contacto de nuestras manos con la zona dolorida nos proporciona una sensación de alivio instantáneo. Esta actitud que nos lleva a utilizar nuestras manos con la finalidad de paliar el dolor mediante el contacto, se puede considerar la forma más básica de masaje.

Con la evolución de la humanidad, también ha evolucionado el masaje, este ha sido utilizado por diferentes civilizaciones, las cuales han dejado sus aportaciones dando lugar con el tiempo a técnicas mucho más sofisticadas y diversas, que hoy en día se utilizan en diferentes disciplinas, las cuales comparten su finalidad, que es, proporcionar bienestar de una manera u otra a quien lo recibe.

Para poder entender con mayor precisión los beneficios del masaje y lo que este puede aportarnos a nivel comunicativo, y en consecuencia, como esta comunicación puede influir en nosotros y nuestro comportamiento, vamos a sumergirnos en la importancia que hemos de otorgarle al tacto y al contacto entre dos personas.

El Tacto es el primer sentido que desarrollamos y el primero que nos permite relacionarnos con nuestro entorno, posee un papel de vital importancia durante nuestra infancia, periodo de nuestra vida donde la calidad y cantidad del contacto recibido definirá nuestro carácter en un futuro. Este sentido se activa en el vientre materno, donde empezamos a recibir un continuo masaje antes de nuestro nacimiento, este masaje que recibimos estando en el útero materno permite que el bebé perciba el continuo contacto materno-filial. Después del nacimiento, en nuestros primeros meses de vida, la mamá es capaz de desarrollar de manera instintiva un vínculo con su pequeño que la lleva a tocarlo, acariciarlo y mimarlo. Esta relación que se crea entre el pequeño y la mamá, nos proporciona la madurez y equilibrio psico-emocional necesario para poder crecer saludablemente.

Nuestra piel al estar plagada de receptores sensitivos permite que nuestro cerebro pueda interpretar diferentes sensaciones que percibimos a través del tacto, como el frio, calor, suavidad, rudeza, etc. Los abrazos y caricias provocan en quien las recibe, por norma general, sensaciones agradables, digo por norma general, porque si alguien ha vivido episodios traumáticos en su infancia relacionada con el contacto, puede mostrar un rechazo a caricias o cualquier tipo de contacto.

El ser tocados puede transmitirnos diferentes sensaciones, no percibimos igual todas las maneras de tocarnos, el contacto puede ser cariñoso, tierno, indiferente, curativo, sexual, etc. y la manera de llevarlo a cabo también puede ser diversa como las caricias, abrazos, palmadas, masajes, etc.

Una vez sabiendo la importancia que tiene para nosotros el contacto, podemos afirmar sin temor a duda que el masaje es una técnica manual utilizada como herramienta de potenciación comunicacional entre dos personas, en nuestro caso, quisiera enfocar este escrito a la potenciación de la comunicación a través del masaje entre padres e hijos, que necesitan potenciar vínculos y a parejas que quieren recuperar la comunicación perdida a través de los años.

El masaje es una herramienta perfecta de comunicación no verbal, que permite, sobre todo a quien lo recibe experimentar una serie de sensaciones desconocidas hasta entonces, pero que también permite al emisor recopilar información en función de las sensaciones que este perciba durante el masaje, el contacto físico entre dos personas nos permite crear un flujo de información difícilmente expresable en palabras. Tenemos que diferenciar dentro del ámbito del masaje entre masajes en los que la calidad del contacto cobran gran importancia, como puede ser un padre que realice un masaje a su hijo porque no puede conciliar el sueño, de los que tienen una finalidad más terapéutica, y no precisan profundizar en el mundo de las sensaciones para alcanzar su cometido, como pueden ser los masajes realizados durante un tratamiento fisioterapéutico, en los que lo prioritario es recuperar una zona lesionada en el menor tiempo posible, todo y que siempre que hay contacto hay comunicación.

La medicina convencional reconoce al estrés como la causa del 70{cb2b022eb199865bd81e2697563de4542ad19f02393cf20571c7996c358435a2} de las enfermedades que cursan en la actualidad, siendo el masaje una potente herramienta para reducir dicho estrés, provocando que la enfermedad no llegue a hacer su aparición. El masaje funciona a nivel físico, mental y espiritual, recuperando el equilibrio y la armonía de una mente preocupada y de un cuerpo tenso, nos hace sentir mejor con nosotros mismos, proporcionándonos optimismo y frescura.

También el masaje nos permite desarrollar una mayor consciencia de nuestro cuerpo y de las reacciones de este en diferentes situaciones, los pensamientos o sentimientos pueden crear tensión en zonas concretas de nuestro cuerpo. Además, juega un papel fundamental a la hora de generar armonía entre individuos, que como tales, la extendemos a otros, contribuyendo así a alcanzar la paz y la felicidad, restaura el equilibrio y armonía de una mente preocupada y de un cuerpo en tensión, nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos y con nuestro entorno, proporcionándonos una visión optimista y fresca sobre la vida, actuando como un potente antídoto contra los efectos de la tensión, además de evitar que el estrés se arraigue en nosotros. Realmente todas estas cualidades parecen dotar al masaje de un poder milagroso, pero la experiencia nos permite afirmar que nos ofrece mucho más.

Ahora sí, nos introduciremos de pleno en la práctica del masaje sensitivo, dicho masaje no tiene como finalidad la obtención de resultados médicos o fisioterapéuticos, su función principal es proporcionar bienestar y relajación, poniendo un gran énfasis en la calidad del tacto y la consciencia sensorial, proporcionando seguridad y reconocimiento al receptor. El intercambio de masaje con tu pareja o hijo/a se convierte en un medio para relajarse y meditar sumiéndose en un ritual de comunicación.

El emisor del masaje ha de entender el cuerpo humano como una unidad física, mental, emocional y social, y además ha de conseguir de manera intuitiva que sus manos sean capaces de realizar movimientos sutiles, rítmicos, acompasados y fluidos, procurando que el contacto durante el masaje sea continuo y bajo ninguna circunstancia quede interrumpido, haciendo que el receptor se sienta desatendido durante el masaje.

Los objetivos y resultados esperados tras y durante la realización de este masaje son:
• Reequilibrio energético
• Bienestar
• Distensión física y mental
• Autoconsciencia del esquema corporal
• Aumento de la sensibilidad y capacidad de percepción externa e interna
• Dotarnos de seguridad y auto-reconocimiento
• Reconciliación con nosotros mismos y con el exterior.

Además, de todos los efectos propios del masaje, como una mejoría de la toxicidad muscular, de la circulación sanguínea, linfática, etc.

Concluimos haciendo una pequeña reflexión, siendo el masaje una herramienta comunicativa para la que solo necesitamos tranquilidad, luz tenue, un aceite y a partir de aquí, dejar que nuestras manos comiencen un magnifico baile dotado de sensibilidad, cuidado y respeto sobre el cuerpo del otro, ¿no valdría la pena sacarle el partido que se merece?

Referencias bibliográficas:
Harrold F. (1994) Manual de masaje. Barcelona: Círculo de lectores
Odriozola B, Mata T, Pigem J, Rosselló J. (2000) El arte del masaje. Barcelona: Integral